11/26/2021

4 Encuentro Literario de Ourense.

    Bueno, bueno, bueno. Hoy vengo a hablaros de un evento superespecial: en 4 Encuentro Literario de Ourense (ELO). Tuvo lugar el 30 de octubre en O Carballiño y fue un día intensito donde los haya.


    En primer lugar, quiero dar las gracias a las organizadoras porque se lo curraron un montón. No solo por el evento en sí, el darnos la oportunidad a los autores a dar un poco el cante, sino porque crearon un día maravilloso con juegos, risas, emociones y diversión. De verdad, chicas, gracias de corazón. Por muchos ELOs más.

Ahora vamos con la chicha.

Primeros pasos.

    En primer lugar, el día apuntaba maneras cuando yo ya llevaba veinte minutos de viaje (desde Vigo a O Carballiño hay como una hora en coche) y me di cuenta de que no llevaba mascarilla. ¿Sabéis por qué se me olvidó? Porque aquí la petarda de siempre se lió durante un buen rato haciéndose el dichoso nudo de la corbata Gryffindor. ¿Que por qué iba con una corbata de Gryffindor? Esperad, que eso os lo cuento luego.

    El caso es que allí estaba yo, encerrada en el baño a las 6:45 de la mañana (para no despertar a Mr. Álmez) con el móvil delante reproduciendo un vídeo de YouTube de “cómo hacer el nudo de la corbata”. Bueno, tras intentarlo varias veces, me quedó resultón, miré la hora y ya iba tarde. Así que salí de casa a toda leche y no cogí la mascarilla.

    En fin, no pasa nada. Cuando llegué, la maravillosa Clara Maio me dio una y asunto resuelto.

Llegamos al evento.

    Las organizadoras se lo habían currado tanto, que al llegar nos dieron una bolsita con marcapáginas a dolor, un librito de firmas (luego os cuento de qué iba esto) y el programa del evento. Bien, este programa consistía en varias mesas de autores, blogueras y bookstagramers que se repartían según las casas de Hogwarts. La temática no fue algo aleatorio, ni mucho menos: ese mismo finde se celebraba en O Carballiño la Potter Party.

    Me tocó Gryffindor. No me cansaré de decir que las sombrereras seleccionadoras estaban un poco idas cuando me asignaron esa casa. Todo el mundo sabe que soy una Hufflepuff de manual, pero bueno. Se lo perdoné por ser ellas.

Gryffindor tampoco me queda tan mal... (Imagen de ProtoLuna).

Empieza lo bueno.

    El evento comenzó con la primera mesa. Crearon unas dinámicas muy chulas de preguntas y respuestas (nada aburrido, ojo) de modo que todos podíamos conocer más a los asistentes. En los descansos, que eran como los recreos del cole, podíamos ir a la zona de librería a dejarnos los cuartos. Y no solo eso, sino que además por cada compra que realizabas, conseguías números adicionales para los sorteos. ¿A que suena guay? Pues no tanto, porque resulta que Noe y Marisol se lo llevaron todo. A las demás solo nos dejaron migajas. No les guardamos rencor a pesar de todo. Se hacen querer de otras maneras.

Esta soy yo sacando un número al azar para que el sorteo le tocase a Noe o a Marisol.
Awenyr todavía creyendo que podía tocarle a ella.
(Imagen de ProtoLuna).

El libro de firmas.

    Y ahora que menciono a Noe me acuerdo de esto. Bien, en el interior del librito aparecía una imagen de cada participante en el evento con una breve biografía y las organizadoras (¿he dicho ya que se lo curraron un huevo?) decidieron crear un juego: la primera persona que consiguiera rellenar todas las firmas, se llevaba un premio.

    Todas empezamos como locas a pedir autógrafos. Yo me rendí enseguida cuando descubrí que Noe utilizaba la táctica del acoso y derribo y a media mañana ya las tenía todas menos las de las autoras que faltaban (obvio) y las de un par de ellas que no llegarían hasta la tarde. Insisto en que, a pesar de todo, Noe se hace querer y me alegré un montón de que ganara el premio.

Más evento.

    Después de cada sesión de preguntas y respuestas, llegaba el turno de los juegos. A ver, los que me conocéis sabéis que yo participo en todo pero que casi nunca gano nada. Pues el ELO no fue la excepción (una lástima). Aun así, aquí quiero aclarar que las pistas del público en uno de los juegos fueron una auténtico tongo. Os cuento.

El juego y el público.

    Nos ponían una banda con el nombre de un género literario. Nosotras podíamos ver el de las demás participantes pero no el nuestro. Podíamos preguntar al público para ir consiguiendo pistas que nos ayudase a adivinar la respuesta. Hasta aquí todo guay. Yo empecé preguntando si había salseo. El público, muy convencido, dijo que no. Luego les pregunté si había un proceso de investigación por parte de los personajes. Me contestaron también que no. Creo que en este momento una de mis compis resolvió el suyo, pero a las demás nos dejaron seguir jugando (aunque sin posibilidad de llevarnos premio). AQUÍ ES DONDE YO ME INDIGNO.

    Resulta que de pronto el público me dice que piense en Los Bridgerton. Claro, yo ahí ya pensé en romántica, pero era imposible porque ya la tenía una compi. Mi neurona entró en pánico porque me habían dicho que no había salseo, pero también dijeron que pensara en la dichosa saga. Imaginaos la implosión interior. Mi género era histórica. Vamos a ver, público de mi corazón, ¿qué clase de pista fue esa? Es que así no hay quien adivine. Indignante, de verdad. A pesar de todo, lo pasamos muy muy bien. Los demás a mi costa, claro. Aunque bueno, yo también me reí bastante de mí.

Este es justo el momento de implosión neuronal. (Imagen de ProtoLuna).


    Hubo otro juego en el que también se hizo alarde de mi suerte. La dinámira era la misma salvo que en vez de géneros literarios eran
autores. Yo veía a mis compis con Blue Jeans, Megan Maxwell, Albert Espinosa… y, cuando me ponen a mi la bandita con el nombre de mi autor, veo que la gente exclama cosas tipo: “halaaaa”, “ppffff”, “jolín, vaya suerte, Eva” y demás. Claro, yo ya dije: “Eviña, trata de concentrarte porque esta vez lo petas”. Pues no lo peté. Ganó otra compi. Y eso que iba tomando apuntes de las respuestas del público y todo. Mi autor, por cierto, era Lorca. Y tras la pista de “no murió, lo fusilaron” ya acerté. Pero era demasiado tarde.

Momentos.

También tuvimos momento comida, en el que yo me dediqué a ir a algunas mesas socializando (ya me conocéis) y se hizo la presentación de un par de novelas: la de Javier Romero y la de Mar P. Zabala.

Parte del equipo de ProtoLuna (imagen de ProtoLuna).
    
    Y poco más. La verdad es que no lo pasamos bien. Lo pasamos de muerte. Tuve la oportunidad de conocer a un trocito del equipo ProtoLuna (ya sabéis que escribo en su blog, en el apartado de El portal de Mesthair), reencontrarme con compis y amigas y descubrir nuevas autoras. La verdad es que estos eventos merecen mucho la pena por un montón de cosas, pero, sobre todo, por el lado humano.

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