11/26/2021

4 Encuentro Literario de Ourense.

    Bueno, bueno, bueno. Hoy vengo a hablaros de un evento superespecial: en 4 Encuentro Literario de Ourense (ELO). Tuvo lugar el 30 de octubre en O Carballiño y fue un día intensito donde los haya.


    En primer lugar, quiero dar las gracias a las organizadoras porque se lo curraron un montón. No solo por el evento en sí, el darnos la oportunidad a los autores a dar un poco el cante, sino porque crearon un día maravilloso con juegos, risas, emociones y diversión. De verdad, chicas, gracias de corazón. Por muchos ELOs más.

Ahora vamos con la chicha.

Primeros pasos.

    En primer lugar, el día apuntaba maneras cuando yo ya llevaba veinte minutos de viaje (desde Vigo a O Carballiño hay como una hora en coche) y me di cuenta de que no llevaba mascarilla. ¿Sabéis por qué se me olvidó? Porque aquí la petarda de siempre se lió durante un buen rato haciéndose el dichoso nudo de la corbata Gryffindor. ¿Que por qué iba con una corbata de Gryffindor? Esperad, que eso os lo cuento luego.

    El caso es que allí estaba yo, encerrada en el baño a las 6:45 de la mañana (para no despertar a Mr. Álmez) con el móvil delante reproduciendo un vídeo de YouTube de “cómo hacer el nudo de la corbata”. Bueno, tras intentarlo varias veces, me quedó resultón, miré la hora y ya iba tarde. Así que salí de casa a toda leche y no cogí la mascarilla.

    En fin, no pasa nada. Cuando llegué, la maravillosa Clara Maio me dio una y asunto resuelto.

Llegamos al evento.

    Las organizadoras se lo habían currado tanto, que al llegar nos dieron una bolsita con marcapáginas a dolor, un librito de firmas (luego os cuento de qué iba esto) y el programa del evento. Bien, este programa consistía en varias mesas de autores, blogueras y bookstagramers que se repartían según las casas de Hogwarts. La temática no fue algo aleatorio, ni mucho menos: ese mismo finde se celebraba en O Carballiño la Potter Party.

    Me tocó Gryffindor. No me cansaré de decir que las sombrereras seleccionadoras estaban un poco idas cuando me asignaron esa casa. Todo el mundo sabe que soy una Hufflepuff de manual, pero bueno. Se lo perdoné por ser ellas.

Gryffindor tampoco me queda tan mal... (Imagen de ProtoLuna).

Empieza lo bueno.

    El evento comenzó con la primera mesa. Crearon unas dinámicas muy chulas de preguntas y respuestas (nada aburrido, ojo) de modo que todos podíamos conocer más a los asistentes. En los descansos, que eran como los recreos del cole, podíamos ir a la zona de librería a dejarnos los cuartos. Y no solo eso, sino que además por cada compra que realizabas, conseguías números adicionales para los sorteos. ¿A que suena guay? Pues no tanto, porque resulta que Noe y Marisol se lo llevaron todo. A las demás solo nos dejaron migajas. No les guardamos rencor a pesar de todo. Se hacen querer de otras maneras.

Esta soy yo sacando un número al azar para que el sorteo le tocase a Noe o a Marisol.
Awenyr todavía creyendo que podía tocarle a ella.
(Imagen de ProtoLuna).

El libro de firmas.

    Y ahora que menciono a Noe me acuerdo de esto. Bien, en el interior del librito aparecía una imagen de cada participante en el evento con una breve biografía y las organizadoras (¿he dicho ya que se lo curraron un huevo?) decidieron crear un juego: la primera persona que consiguiera rellenar todas las firmas, se llevaba un premio.

    Todas empezamos como locas a pedir autógrafos. Yo me rendí enseguida cuando descubrí que Noe utilizaba la táctica del acoso y derribo y a media mañana ya las tenía todas menos las de las autoras que faltaban (obvio) y las de un par de ellas que no llegarían hasta la tarde. Insisto en que, a pesar de todo, Noe se hace querer y me alegré un montón de que ganara el premio.

Más evento.

    Después de cada sesión de preguntas y respuestas, llegaba el turno de los juegos. A ver, los que me conocéis sabéis que yo participo en todo pero que casi nunca gano nada. Pues el ELO no fue la excepción (una lástima). Aun así, aquí quiero aclarar que las pistas del público en uno de los juegos fueron una auténtico tongo. Os cuento.

El juego y el público.

    Nos ponían una banda con el nombre de un género literario. Nosotras podíamos ver el de las demás participantes pero no el nuestro. Podíamos preguntar al público para ir consiguiendo pistas que nos ayudase a adivinar la respuesta. Hasta aquí todo guay. Yo empecé preguntando si había salseo. El público, muy convencido, dijo que no. Luego les pregunté si había un proceso de investigación por parte de los personajes. Me contestaron también que no. Creo que en este momento una de mis compis resolvió el suyo, pero a las demás nos dejaron seguir jugando (aunque sin posibilidad de llevarnos premio). AQUÍ ES DONDE YO ME INDIGNO.

    Resulta que de pronto el público me dice que piense en Los Bridgerton. Claro, yo ahí ya pensé en romántica, pero era imposible porque ya la tenía una compi. Mi neurona entró en pánico porque me habían dicho que no había salseo, pero también dijeron que pensara en la dichosa saga. Imaginaos la implosión interior. Mi género era histórica. Vamos a ver, público de mi corazón, ¿qué clase de pista fue esa? Es que así no hay quien adivine. Indignante, de verdad. A pesar de todo, lo pasamos muy muy bien. Los demás a mi costa, claro. Aunque bueno, yo también me reí bastante de mí.

Este es justo el momento de implosión neuronal. (Imagen de ProtoLuna).


    Hubo otro juego en el que también se hizo alarde de mi suerte. La dinámira era la misma salvo que en vez de géneros literarios eran
autores. Yo veía a mis compis con Blue Jeans, Megan Maxwell, Albert Espinosa… y, cuando me ponen a mi la bandita con el nombre de mi autor, veo que la gente exclama cosas tipo: “halaaaa”, “ppffff”, “jolín, vaya suerte, Eva” y demás. Claro, yo ya dije: “Eviña, trata de concentrarte porque esta vez lo petas”. Pues no lo peté. Ganó otra compi. Y eso que iba tomando apuntes de las respuestas del público y todo. Mi autor, por cierto, era Lorca. Y tras la pista de “no murió, lo fusilaron” ya acerté. Pero era demasiado tarde.

Momentos.

También tuvimos momento comida, en el que yo me dediqué a ir a algunas mesas socializando (ya me conocéis) y se hizo la presentación de un par de novelas: la de Javier Romero y la de Mar P. Zabala.

Parte del equipo de ProtoLuna (imagen de ProtoLuna).
    
    Y poco más. La verdad es que no lo pasamos bien. Lo pasamos de muerte. Tuve la oportunidad de conocer a un trocito del equipo ProtoLuna (ya sabéis que escribo en su blog, en el apartado de El portal de Mesthair), reencontrarme con compis y amigas y descubrir nuevas autoras. La verdad es que estos eventos merecen mucho la pena por un montón de cosas, pero, sobre todo, por el lado humano.

9/13/2021

"Valentina en las aulas" o cuando me pongo romanticona.

    Que no soy como los demás escritores es una realidad aplastante. Todos hablan sobre su amor por la escritura desde que eran pequeños. Y yo, si soy sincera, a esa edad no se me ocurría ponerme delante de un folio ni loca. Tenía cosas mejores que hacer, como cortar el pelo de las muñecas, jugar con los Playmobil o ir a casa de una amiga a escuchar a el CD de las Spice Girls.

    Por lo tanto, podría contaros mil historias (falsas) sobre cómo se me ocurrió a mí, escritora de fantasía, escribir una historia romántica. Podría deciros que el amor llamó a mi puerta cuando más lo necesitaba y afloró en mi interior un sentimiento tan puro que necesité escribir sobre él.

    También podría contaros que como se acercaba mi boda estaba más enamorada que nunca y plasmar todas aquellas emociones en una novela me permitió gestionar mis emociones y evitar vomitonas de unicornios.

    Sin embargo, todo eso serían mentiras.

    ¿Cómo se me ocurrió escribir la historia de Valentina? No tengo ni idea. Creo recordar que fue después de escribir La lucha de Suevia, en el periodo en el que la correctora la estrujaba para sacar lo mejor de ella. Se ve que tenía mucho tiempo libre. O que tenía mejores cosas que hacer, pero como soy ultrafan de la procrastinación, pues me puse a escribir.

    El caso es que no os puedo contar una maravillosa historia detrás de esta "novela" porque ni yo misma la recuerdo.

    Lo que sí os puedo contar son dos cosiñas: la sinopsis y cómo conseguirla totalmente gratis. ¿Te animas?

S I N O P S I S.

La joven Valentina llega nueva al colegio. Allí se enfrentará a un mundo desconocido: nuevos alumnos, nuevos profesores, nuevas experiencias... Pronto descubrirá emociones en su interior que harán que todo lo que conocía hasta entonces se tambalee.

Y es que Valentina no es una alumna más. Valentina es la nueva profesora.


¿Qué os parece? ¿Os llama la atención? Animaos a leer esta historia romántica sin gastar un solo euro.


C Ó M O   C O N S E G U I R L A.

Si quieres leer Valentina en las aulas, solo tienes que apuntarte a mi newsletter. ¿Qué como se hace eso? Solo tienes que buscar aquí al lado, a la izquierda, un cartelito con un sobre. Haz click ahí, sigue lo pasos y recibirás el archivo de la novela en versión digital.

Una vez la hayáis leído, me encantaría que me dijerais qué os ha parecido. Podéis hacerlo por aquí (en los comentarios), por mensaje en Instagram, por correo (hola@evaalmez.com)... Lo que sea. Os lo agradezco un montón.

Hale, ya estaría. No tengo nada más que contaros por hoy. Os mando un abrazo muy grande. Sed buenos y leer mucho.

5/22/2021

El parque de Castrelos y Suevia.

    Una de las ventajas de situar tu novela en un espacio que existe es que permite a los lectores bichearlo en unas vacaciones o, más fácil todavía, buscarlo en Google Maps y recorrerlo sin moverse de casa.

    La ventaja de situar la acción en tu propia ciudad es que puedes enseñársela a los lectores de primera mano. Y eso es que lo que hice en mi cuenta de Instagram: publiqué un vídeo de uno de los escenarios de La lucha de Suevia. No es gran cosa, más que nada porque los vídeos los realicé yo con mi móvil y no se me da demasiado bien que digamos. Pero, oiga, ha quedado resultón.

    El caso es que en esta entrada me apetece contaros un poquito más sobre el escenario en cuestión: el parque de Castrelos.

    Podría llenaros esta entrada de datos históricos, contaros la extensión que tiene, el pazo que hay en su interior, etc., pero sinceramente prefiero contaros todo lo que el parque es para Vigo desde mi propia perspectiva.

    Empecemos.

    En parque es uno de los grandes pulmones de la ciudad, sin duda. Tiene zonas ajardinadas (con sus setos y sus flores molonas), zonas de monte (con árboles que tapan el sol), zona deportiva (una ruta para runners, por ejemplo), zona infantil (con un parque que mola mucho más ahora que cuando yo era pequeña), zona de fuentes y estanques (con patos, por supuesto, y creo que hasta cisnes) y la zona de museo. Porque el pazo que hay en el parque de Castrelos es, a día de hoy, un museo.

    Si buscáis por Internet encontraréis webs que os hablan de las maravillas de este museo. Yo no lo haré, porque solo lo visité de pequeña, en una excursión con el cole, y me pareció sumamente aburrido. De hecho, ni siquiera recuerdo qué había dentro. Eso sí: el pazo es muy chulo y es una muestra de la arquitectura típica de los (¡oh, sorpresa!) pazos gallegos. Detrás del pazo están los jardines, ultracuidados y bonitos, donde casi todos los vigueses nos hemos hecho las fotos de la comunión.

    ¿Qué más os puedo contar? El río Lagares (que es el río de Vigo) pasa por medio del parque, lo que le da todavía más cliché, ojo, porque tumbarte en verano sobre la hierba con el sonido el agua y el fresquito de los árboles... es otro nivel.

    Y la sorpresa más molona de Castrelos la guardo para el final: el auditorio. Tiene un anfiteatro (creo que podría llamarse así) donde se hacen los conciertos en verano. Y diréis: "pues ya ves tú qué cosa". Esperad, esperad, que aún no he llegado a lo mejor: el acceso es gratis. ¡Gratis! En el auditorio de Castrelos he visto a Maná, a El canto del loco, a Mika... y a chorrocientos más sin pagar un duro y, además, gozándolo en las noches de verano. 

    A ver, también tiene su lado malo: la zona gratuita se llena de gente y tienes que ir con tiempo. Pero los vigueses nos lo tomamos como un ritual. El último concierto al que fui empezaba sobre las diez de la noche, así que nosotras nos fuimos a coger sitio sobre las cinco de la tarde. Cuando llegamos ya había gente, pero todavía quedaban muchos huecos.

    Y ahora quizá penséis que menudo coñazo estar esperando cinco horas a que salga el cantante de turno. Para nada. Porque nos lo montamos que te cagas: mantita de pícnic, baraja de cartas, bocadillos y comida variada, el móvil con musiquita... Es todo un ritual, insisto. Ir a un concierto en Castrelos es todo un planazo.

    Ahora os animo a que paséis por mi cuenta de Instagram y echéis un vistazo al vídeo que he subido. En él se muestra una de las escenas de La lucha de Suevia que tiene lugar en este parque. Espero que os guste.


5/04/2021

El (odioso) proceso de corregir.

    ¡Que bonito es es ser escritor! La vida bohemia, el teclear a lo loco en un Starbucks, que tus lectores te reconozcan por la calle y ansíen tu nueva novela... Vale, quizá esté exagerando. Sobre todo, porque escribir no es nada de esto muchas veces. Escribir es bloquearte, frustrarte, no ganar lo esperado, no recuperar tu inversión y, lo peor de todo, corregir tu manuscrito.

   
    Sin embargo, todos sabemos que el proceso de corrección es muy necesario. Publicar un manuscrito con faltas (de cualquier tipo: ortográficas, de trama, etc.) sería como vacilar a nuestros lectores. Y ellos lo saben. Una gran mayoría de lectores reconocen que abandonarían la lectura por la presencia de faltas. 

    Cuando escribimos un texto, lo hacemos con toda la ilusión del mundo. Nos imaginamos que será un éxito, que se venderá tanto que a la semana tendremos que hacer una segunda edición... y, cuando el corrector te manda el manuscrito con todos los errores marcados en rojo (o el color que sea) te das cuenta del bodrio que has creado. Y yo creo que el problema está en:

  1. Nos creemos que el procesador de textos es lo bastante listo como para evitar que tengamos faltas ortográficas.
  2. Creemos que somos unos linces y que la escritura fluye por nuestras venas, por lo tanto es imposible tener fallos.

    Para el primer error ya tengo disponible una solución: mi taller de ortografía. Podría hablaros de él hasta la saciedad, pero creo que en esta entrada encontraréis toda la información necesaria.

    Para lo segundo no tengo una gran aportación, ya que lo mejor sería un chute de humildad, de realidad y de demostración de que nadie es perfecto en nada, por mucho que se practique. Pero, ¿qué queréis que os diga? No abundan las vacunas de la covid-19 como para abundar las de la humildad...


    Y esto os lo dice una filóloga que, cuando su correctora le envió el manuscrito corregido, se dio cuenta del desastre tan grande que había escrito. Con esto no quiero decir que por el hecho de haber estudiado Filología me crea escritora.

Al contrario.

    En la carrera aprendí sobre literatura a fondo, leí como una loca durante cinco años a autores que ni siquiera conocía, escribí a diario textos de todo tipo y, aun así, mi manuscrito tenía más rojo que negro.

Esta fue mi cara al ver el desastre que había escrito.

    ¿Me convierte eso en una mala escritora? Creo que no. Cuando abrí el archivo adjunto y vi el percal casi lloro de la emoción. ¿Sabéis por qué? Porque me di cuenta de lo muchísimo que iba a aprender con aquel proceso. Y así fue. Cogí una libreta y anoté en ella todos los errores que más se repetían a lo largo de las páginas. Fue como una clase privada de corrección.

     ¿Cuál hubiera sido la reacción de un mal escritor? Cabrearse, molestarse, ponerse a la defensiva. El no reconocer que tenemos errores y que metemos la pata nos convierte automáticamente el malos loquesea: escritores, docentes, psicólogos, camareros, conductores...

    Ojo, no estoy diciendo que debamos dar la razón a cualquier persona. Imaginad que un médico diagnostica a un paciente con una apendicitis. Lo comenta con otro colega y este le dice que él considera que es, simplemente, un pedo atravesado. El primer médico no tiene que decir: "ah, pues tienes razón, lo mando para casa con un Aero-red". Lo que debería hacer es considerar esa otra opción, aplicar las pruebas adecuadas para ver si es apendicitis o el pedo atravesado y, una vez analizado el caso, actuar según el diagnóstico final.

    Cuando corregimos, ocurre lo mismo. Quizá nuestro corrector nos diga: "esto de aquí está mal explicado porque...". Ante eso, debemos analizar lo que nos comenta, ver si tiene razón y debatir sobre el tema. Quizá quizá él esté en lo cierto, pero a lo mejor tus motivos para explicarte así en ese determinado fragmento se deban a algo.

    Vamos, que lo que diga el corrector no es palabra de Dios. Pero sí debemos fiarnos de su criterio porque es un profesional y se dedica a ello, ha corregido un montón de textos y sabe de lo que habla.

HE VENIDO AQUÍ PARA HABLAR DE MI MANUAL.
    
    El caso es que todo este rollo que os he soltado viene a colación de que he creado un manual de corrección. ¿Para qué sirve? Desde luego, no sustituye la labor de un corrector profesional, por supuesto. Pero sí que te ayudará a que tu manuscrito final, el que envíes a tu agente, a tu editor o a tu corrector, esté un poco más decente.

    Échale un vistazo. Es una ganga, como todos mis talleres y manuales, así que no pierdas la oportunidad de hacerte con él. Te aseguro que, después de leerlo, pulirás tu texto de tal manera que el rojo de la corrección no sobresaldrá tanto.

    Y nada más por hoy. Espero que no me echarais de menos, ya que hacía mil que no publicaba. Pero es que ya sabéis: la vida bohemia del escritor nos obliga a permanecer al margen de la sociedad porque somos unos incomprendidos...

3/23/2021

Mi novela y su booktrailer

Hoy me di cuenta de que tengo una web de escritora, con su tienda y su blog, y no tengo una mísera entrada sobre mi novela. Soy un desastre.

facepalm desastre

En fin, no pasa nada porque hoy aparezco por aquí para ponerle solución a este terrible drama.

Pues bien, en pleno confinamiento del año 2020 publiqué mi primera novela: La lucha de Suevia. No os penséis que la escribí en dos días, no. Tardé alrededor de diez años en darle forma y que saliese a la luz. 

A día de hoy, me doy cuenta de que podía haber salido antes. Claro que sí, pero como soy una vaga de libro e inventé la procrastinación... pues pasó el tiempo y la cosa no avanzaba.

procrastinación procrastination bob esponja

Bueno, he venido aquí a hablar de mi libro, así que vamos a ello.

La lucha de Suevia es una novela de fantasía urbana. Es decir, la trama tiene lugar en una ciudad (Vigo, aunque también hay parte en Santiago de Compostela) en la que suceden fenómenos fantásticos (aquí ya no os puedo adelantar nada).

En este caso, además, también tenemos un poco de historia, porque la trama tiene algo que ver con el apóstol Santiago.

Todo ello regado con un poco de romance y salseo, claro, no podía faltar.

la lucha de Suevia novela fantasía urbana juvenil


La protagonista es Suevia, una adolescente de dieciséis años a la que empiezan a sucederle cosas extrañas y sin una explicación aparente. La presencia de su amiga de la infancia, Hilda, tampoco ayuda mucho, porque la tía, de pronto, hace cosas raras.

El salseo viene de la mano de Amós. Es el hermano mayor de Hilda y el amor platónico de Suevia desde que tiene uso de razón. Lo peor de todo es que puede que él sepa algo, pero nuestra protagonista no tiene ni idea de qué puede ser, así que su vida se lía todavía más.

¿Qué te encontrarás en esta novela? Muchos secretos, mucha historia sobre el pasado de la familia, muchas aventuras y mucha vida adolescente.

Me gustaría contarte más cosas, de verdad, pero no quiero hacerte spoiler. Así que, te dejo el enlace a la página de Amazon, donde podrás leer las reseñas que ha ido dejando la gente, y a mi cuenta de Instagram, donde tengo un destacados donde agrupo todas las publicaciones que se han hecho sobre mi novela.

Además, si te he convencido, te dejo aquí el enlace para que la compres (la tienes en formato físico y digital) y así me ayudes a mantener a mis perriños, que no viven del aire y su dueña es un poco pobre.

Y ya para terminar, te dejo aquí el booktrailer que he hecho junto a un amigo para que ya termines de animarte a leerme. Gracias por llegar hasta aquí.




3/01/2021

Las faltas de ortografía

El otro día subí un reel a mi Instagram sobre las faltas de ortografía. Spoiler: las odio. En serio, sacan lo peor de mí. Y mirad que soy riquiña en general, pero ponme un texto con cualquier tipo de falta ortográfica y me transformo.

Esta soy yo cuando veo faltas. Y ojo, aquí salgo favorecida.

A ver, supongo que un poco será deformación profesional. Recordad que soy profe y que en las clases de lengua me dedico a buscar faltas. Pero creo que, aunque no lo fuera, nunca permitiría que un texto autopublicado (o publicado con editorial, me da igual) las tuviera.

Y aquí abro debate: creo que algunos autores autopublicados hacen mucho daño a otros al pasarse la corrección por donde yo os diga. ¿Qué opináis vosotros?

Me refiero a que si tú como lector compras un par de novelas que no han pasado por una corrección profesional y descubres que están plagadas de faltas de ortografía, ¿te arriesgarías a comprar una tercera sabiendo que te encontrarás lo mismo? Porque a mí, desde luego, me cuesta. Y mucho.

Yo leo autopublicados. Me he propuesto leer uno al mes, mínimo. Tengo una lista en la que anoto a los autores que descubro y sus novelas para que no se me olviden los títulos. Sin embargo, yo lo hago porque soy autopublicada y sé el apoyo que necesitamos. Pero es comprensible que un lector que no conoce nada de este mundo pase de nosotros tras una mala experiencia.

Yo entiendo que la corrección cuesta dinero. Y si es buena, cuesta bastante dinero (la corrección de mi primera novela rondó los mil euros). Pero creo que es el paso más importante de la publicación. Si vas a vender un producto, lo mínimo es que este tenga buena calidad, ¿no?


Invoquemos todos juntos al dios del dinero y lo mismo conseguimos algo.

Que sigo entendiendo que es caro. Pero digo yo otra cosa: si sabes que tu texto no está corregido y que si lo lanzas a la venta te arriesgas a que quien lo lea deje una mala reseña (y que eso lleve a que tus ventas desciendan), ¿no te compensa ahorrar para pagar la corrección y garantizarte un buen resultado final?

El proyecto Kaynta (que será mi segunda novela) podría haber salido a la venta hace unos meses. Pero no pudo ser porque soy pobre y en aquel momento no podía pagar la corrección.

Ahora sigo siendo pobre pero he ahorrado lo suficiente como para pagarle a mi correctora. ¿Me da rabia porque me puede el ansia por sacar mi nueva novela a la venta? Por supuesto. Pero me merece más la pena esperar.

Me he ido un poco por la tangente. Porque yo venía a presentaros mi nuevo taller: el taller de ortografía.

Este taller NO sustituye a la corrección profesional, pero sí que ayuda a presentar un borrador final con un poquito más de nivel.

¿Qué te encontrarás en él? Pues no es un manual de ortografía como los que teníamos en el cole. Pa qué, si seguro que a esos no les hacíais caso.


Vosotros cuando el profe se ponía a hablar de ortografía.

Este taller es un manual con aquellos errores ortográficos que el procesador de textos puede no detectar. Además, está centrado en los fallos más comunes que me he encontrado al leer novelas autopublicadas, por lo que me he basado en lo que he visto que se nos complica más a los escritores (sí, hay un tema entero dedicado a las rayas de los diálogos).

Si te haces con él, te enviaré las instrucciones de descarga para que puedas recibir los documentos.

¿LOS documentos?

Sí, porque son varios. En concreto, tres. El primero contiene toda la teoría que necesitas aprender para evitar los errores más comunes.

El segundo es un cuadernillo de ejercicios para que pongas a prueba lo que has aprendido.

El último, un solucionario con las respuestas de los ejercicios.

Ea, me lo he currado, ¿eh? Pues aparte de ser un contenido superinteresante lo he puesto baratito. Así, si invertís también en la corrección profesional, no os quemará tanto el bolsillo (o la tarjeta de crédito o la cuenta de PayPal).

Venga, echadle un vistazo y me contáis. Pero antes, una cosilla, ¿creéis que exagero con las faltas de ortografía o a vosotros también os chirrían?